Agregado en 26 April 2009
Los imprevistos existen, y por algo se llaman así, suceden en el momento más inesperado. Para evitar que nuestro hijo se pierda (un imprevisto, al fin y al cabo), pongamos en práctica las siguientes estrategias.
Anticiparse a la situación
Antes de entrar en un lugar desconocido indiquemos al chiquito dónde podemos reunimos en caso de extravío. Los puntos de referencia serán fáciles de localizar y recordar por el pequeño: una torre, un muñeco grande, el puesto de helados, una estatua, etc.
Identificar las zonas de riesgo
Extrememos la vigilancia en los lugares más proclives a este tipo de percances, como grandes supermercados, shoppings, plazas y áreas de juego, zonas con aglomeraciones (aeropuertos, estaciones de tren…) o espacios con estímulos visuales muy similares (la playa, la pileta).
Indicarle qué puede hacer si se pierde es clave. Lo adecuado es que permanezca quieto durante unos minutos hasta que vayamos a buscarlo y, si nosotros no aparecemos, que se dirija al punto de encuentro acordado (siempre que conozca el camino). Conviene dejarle muy claro que, si no sabe dónde ir y da vueltas sin rumbo, será mucho más trabajoso encontrarlo. Seguir leyendo
Agregado en 26 April 2009
Hasta los cuatro años no podemos sacarles los ojos de encima porque se desorientan muy fácilmente y todavía no son capaces de comprender cómo pueden proceder si no ven a sus papas. Durante esta etapa, el control debe ser fundamentalmente externo, desde los padres.
A partir de los cinco años hay que procurar que el control sea interno, desde el propio niño, que debe saber qué hacer para no perderse y cómo actuar si eso le ocurre.
Algunos padres prefieren no alertar a sus hijos por un miedo irracional a traumatizarlos (”Si le digo que se puede perder, se asustará”). Esta actitud es errónea porque si el pequeño no está preparado y se extravía, se sentirá más desconcertado y sufrirá más. Seguir leyendo
Agregado en 25 April 2009
Muchas veces, a los adultos nos sorprende e, incluso, molesta observar que nuestro hijo no es capaz de prestar ni compartir, y podemos pensar que hemos fallado en algún aspecto de su educación.
El sentido de la propiedad que un chico posee no tiene nada que ver con el del adulto. Pero hay algo que se manifiesta de forma clara: según sean los padres, así se comportarán sus hijos, es decir, unos padres egoístas y poco solidarios difícilmente podrán criar un hijo generoso.
Los chicos son muy inteligentes y observadores: si un chiquito se da cuenta de que, en el fondo, a su mamá o papá no le gusta que preste sus juguetes, aunque de palabra le aconseje lo contrario, él lo captará. Por lo tanto, lo importante no es lo que el adulto dice, sino su verdadera intención interna, ya que es ésta la que transciende y de la que aprende el pequeño. Seguir leyendo
Agregado en 24 April 2009
Para un chico, el hecho de encontrarse lejos de su ambiente y rodeado de desconocidos es enormemente angustioso. Los niños no entienden qué les está sucediendo ni por qué deben quedarse en un hospital.
Por eso, los centros públicos y privados permiten que sus pacientes más pequeños permanezcan acompañados de sus padres en todo momento. Ellos les proporcionan el apoyo afectivo que tanto necesitan ahora y además participan en sus cuidados e higiene.
Agregado en Salud