Agregado en 26 April 2009
Ante todo, hay que dejarles claro que, del mismo modo que somos un equipo para ir de vacaciones o a la hamburguesería de la otra cuadra, también debemos serlo para mantener la casa limpia, y confortable. Quizá sus amigos tampoco lo pasen tan bien compartiendo esos momentos con sus papas.
¿Y qué hacer cuando surjan las típicas peleas entre hermanos (”Yo lo hice ayer”,”Pero yo lo hice antes de ayer!”; “¡Mentira!, porque yo…”)? A Silvia, madre de dos chicos de ocho y diez años, harta de peleas, se le ocurrió un truco muy efectivo. Pidió a sus hijos que, de mutuo acuerdo, concedieran una puntuación a las posibles tareas semana les (poner la mesa: 5 puntos; levantarla 7, etc.). Así, podían intercambiarlas equitativamente y la disputa se saldaba al comprobar quién de los dos tenía menos puntos en su haber.
¿Hay que pagarles por su colaboración?
Es bueno mostrar nuestra admiración por su ayuda con algún comentario casual, en privado y, sobre todo, en público; pero a veces es difícil hacerles comprender que deben responsabilizarse de algo que hasta entonces habíamos hecho nosotros, y los apurones nos llevan a prometer un regalo o una gratificación.
El mensaje que recibirían no es muy recomendable. Nuestro hijo tardaría poco en exigir un pago a cambio de su ayuda, y esa actitud le impediría entender que su esfuerzo forma parte de sus responsabilidades como miembro de la familia. El premio a su dedicación debe ser siempre la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque eso no significa que después de una semana de trabajo en equipo nos vayamos todos a celebrarlo en su restaurante favorito. Es un premio, sí, pero para todo el grupo familiar, nunca para él solo.
Agregado en Niños
Agregado en 26 April 2009
Estará en función de la dinámica familiar. Si hay un bebé en casa, por ejemplo, los padres agradecerán especialmente que el más grande ponga la mesa para la cena, mientras ellos acuestan al chiquito.
En cualquier caso, no se trata de exigirles un montón de tareas (todavía son chicos), sino de asignarles ocupaciones compatibles con sus capacidades, su tiempo de estudio, juego y descanso. Y debemos ser comprensivos: si están cansados o tienen que preparar un examen, es normal que ese día se olviden de sus obligaciones caseras.
Lo importante no es que hagan un montón de cosas, sino que asuman la responsabilidad de ocuparse de unas pocas, y las afronten con agrado. La mejor forma de conseguirlo es reconocer su esfuerzo (con palabras, mimos) y hacerles sentir que su aporte, por pequeño que sea, contribuye al bienestar de toda la familia. Seguir leyendo
Agregado en Niños
Agregado en 26 April 2009
Llegamos a casa y lo primero que encontramos son sus zapatos llenos de barro en el hall, la campera tirada en el sillón del living y un plato con un pedazo de bizcochuelo a medio terminar sobre la mesa. ¿Tan ocupado está con los deberes que no tuvo tiempo de guardar los zapatos, colgar el abrigo y llevar su plato a la cocina? Pero no, lo encontramos sentado frente al televisor.
¿Sirve de algo retar a nuestros hijos por su desidia? ¿Cómo hacerles ver de una vez por todas que ellos también pueden, y deben, ayudar en casa?
Es evidente que no podemos convertirnos en su sombra y levantar la cantidad de objetos que van dejando a su paso. Aun contando con ayuda en casa, es bueno que los chicos se acostumbren a asumir pequeñas responsabilidades domésticas. Seguir leyendo
Agregado en Hogar
Agregado en 26 April 2009
Es la parte agradable de esta historia, siempre y cuando los papás no estén muy alterados (aunque es comprensible que les suceda). Las expresiones del tipo: “¡No me vuelvas a hacer esto!”, “¡Te podían haber secuestrado!”, o “¡Ya vamos a hablar en casa!” (en tono amenazador) están de más aunque lo hayamos pasado francamente mal durante su ausencia.
Ahora lo importante es que ha aparecido. Nada de castigarlo, retarlo y mucho menos pegarle. .. El también está asustado; no tiene conciencia de lo que hizo, a lo mejor ni siquiera es responsable de ello (es posible que nos hayamos desconcertado nosotros más de la cuenta). Lo primero es calmarlo, mostrarnos cariñosos, al tiempo que expresemos nuestra preocupación por el percance ocurrido.
Más tarde, en casa y durante un momento relajado, cuando haya pasado todo, repasemos los motivos que provocaron el problema y planteemos soluciones para que no vuelva a surgir o, si sucede, lograr que el reencuentro sea más rápido.
Agregado en Niños
Agregado en 26 April 2009
Es fácil perderse en la playa: arena y arena, toallas y sombrillas de colores, un montón de gente en malla… Hasta los adultos nos sentimos desorientados por unos instantes después de damos un chapuzón.
Para disfrutar de unas vacaciones libres de sobresaltos, pidamos a nuestro hijo que busque un estímulo visual que sea capaz de distinguir a distancia fácilmente (el puesto salvavidas, el quiosco de bebidas…); así podrá acudir allí si, de pronto, no encuentra a papá o mamá entre la multitud. Seguir leyendo
Agregado en 26 April 2009
No hay preguntas feas. No lo son las que se refieren al sexo, a las funciones corporales, a la muerte. También tienen una respuesta adecuada para cada edad.
Cuando un chico se da cuenta de que algunas cosas no se pueden preguntar, que hay sectores enteros de la realidad que son objeto de tabú, puede iniciarse en él una auténtica inhibición intelectual. La represión de la curiosidad sexual, por ejemplo, puede bloquear el interés normal por conocer y pensar en general.
Hay maneras de comunicarse con los hijos que no favorecen el desarrollo de la curiosidad.
Existen hogares en los que predomina un estilo de comunicación imperativo: “Traé”; “Hacé”;… (y quizá cuando hay preguntas: “¡Callate!”). Este estilo ignora lo enriquecedor y educativo que resulta dedicar tiempo a conversar, a comentar hechos y cosas, de modo que ambas partes puedan contar, describir, opinar… Los chicos tienen que ser tratados como interlocutores, no como meros subordinados. Sólo en este clima puede florecer el juego de las preguntas.
Un chico que ha renunciado a preguntar quizá tenga una familia que no considera las preguntas infantiles como algo saludable (como el tesoro que en realidad son) o, al menos, como algo natural, sino más bien como una molestia.
Agregado en Niños
Agregado en 25 April 2009
Con el tiempo, nuestro hijo se dará cuenta de que resulta mucho más ameno y entretenido jugar con otros chicos que hacerlo solo, y que, para eso, es imprescindible prestar y compartir.
El camino de la convivencia es largo y complicado, y transcurre en etapas que nuestro hijo tiene que superar. A medida que vaya creciendo, aprenderá a pedir lo que desea sin apropiarse directamente de todos los objetos que se le antojan y, además, será capaz de saber lo que sienten los demás y de ponerse en su situación.
La misión de los padres es fundamental: deben ayudar a su hijo a superar esta etapa evolutiva de su desarrollo y la mejor forma es con su buen ejemplo. Una actitud generosa y solidaria por nuestra parte será la mejor y más auténtica pedagogía, y se plasmará profundamente en el chico.
Agregado en 25 April 2009
Cualquier chico de dos o tres años puede demostrar que no quiere compartir nada con otras personas, con sus compañeros, amigos, o incluso con sus hermanos. Pero eso no significa que sea un egoísta consumado. Y es que el pequeño todavía no sabe jugar con otros chicos.
Een principio, el chico no sabe distinguir entre su yo y su no yo. Para él, aprender a diferenciarlo supone un largo y complicado proceso. Y en el curso de esa fase, atraviesa una etapa de placer puro. Es decir, todo lo que le produce goce lo quiere incorporar y lo considera dentro de su yo. Y cualquier objeto que le causa displacer lo rechaza y lo asimila como su no yo. También es en este momento cuando empieza a aparecer en su vocabulario la palabra mío, pero no referida necesariamente a algo valioso. Para el niño, mío es todo aquello que le produce placer.
Además, el bebé, cuando nace, se siente pequeño, indefenso y totalmente dependiente de sus padres. Sin embargo, a medida que transcurren los meses, va siendo más autónomo, es capaz de sostener su peluche, más tarde podrá gatear, después caminar. .. Hasta que a los dos años el chiquito ya sabe quién es y cuáles son sus cosas: conoce su cochecito preferido, su cama, sus botitas… Y considera que todo eso forma parte de él. Por este motivo, los padres debemos comprender ese exacerbado apego que nuestro hijo tiene por sus queridas pertenencias.