Agregado en 25 April 2009
Aunque queramos que nuestro hijo se convierta en un adulto generoso y caritativo, no debemos olvidar que existen algunas cosas que son de uso personal, y que nunca debemos obligarlo a prestarlas, porque conseguiríamos que se sintiera inseguro y desprotegido.
Sería un error forzarlo a dejar su juguete de consuelo o su peluche favorito: este objeto es demasiado íntimo para que lo tenga otro chico. Nuestro pequeño se siente tan identificado con ciertas pertenencias que le resulta muy difícil que otras manos se apropien de ellas aunque sólo sea por un ratito. Su cuna, su chupete, su mamadera… también forman parte de este tipo de objetos personales e intransferibles.
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Agregado en 25 April 2009
Con el tiempo, nuestro hijo se dará cuenta de que resulta mucho más ameno y entretenido jugar con otros chicos que hacerlo solo, y que, para eso, es imprescindible prestar y compartir.
El camino de la convivencia es largo y complicado, y transcurre en etapas que nuestro hijo tiene que superar. A medida que vaya creciendo, aprenderá a pedir lo que desea sin apropiarse directamente de todos los objetos que se le antojan y, además, será capaz de saber lo que sienten los demás y de ponerse en su situación.
La misión de los padres es fundamental: deben ayudar a su hijo a superar esta etapa evolutiva de su desarrollo y la mejor forma es con su buen ejemplo. Una actitud generosa y solidaria por nuestra parte será la mejor y más auténtica pedagogía, y se plasmará profundamente en el chico.
Agregado en 25 April 2009
Muchas veces, a los adultos nos sorprende e, incluso, molesta observar que nuestro hijo no es capaz de prestar ni compartir, y podemos pensar que hemos fallado en algún aspecto de su educación.
El sentido de la propiedad que un chico posee no tiene nada que ver con el del adulto. Pero hay algo que se manifiesta de forma clara: según sean los padres, así se comportarán sus hijos, es decir, unos padres egoístas y poco solidarios difícilmente podrán criar un hijo generoso.
Los chicos son muy inteligentes y observadores: si un chiquito se da cuenta de que, en el fondo, a su mamá o papá no le gusta que preste sus juguetes, aunque de palabra le aconseje lo contrario, él lo captará. Por lo tanto, lo importante no es lo que el adulto dice, sino su verdadera intención interna, ya que es ésta la que transciende y de la que aprende el pequeño. Seguir leyendo
Agregado en 25 April 2009
En algunas situaciones, los padres debemos ser muy sutiles y buscar estrategias para que el niño se vuelva poco a poco generoso.
- Para un chico es mucho más sencillo regalar cualquier objeto que posea en abundanda que dar algo único. Será fácil que obsequie a su amiguito con un bombón si él se queda con los 29 restantes.
- Si animamos a un niño a que preste algún juguete, es imprescindible que éste se devuelva siempre.
- Para salvar algunas situaciones difíciles, conviene ofrecer a los chicos la posibilidad de elegir, por ejemplo: uno parte el chocolate y el otro elige una porción.
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Agregado en 25 April 2009
Cualquier chico de dos o tres años puede demostrar que no quiere compartir nada con otras personas, con sus compañeros, amigos, o incluso con sus hermanos. Pero eso no significa que sea un egoísta consumado. Y es que el pequeño todavía no sabe jugar con otros chicos.
Een principio, el chico no sabe distinguir entre su yo y su no yo. Para él, aprender a diferenciarlo supone un largo y complicado proceso. Y en el curso de esa fase, atraviesa una etapa de placer puro. Es decir, todo lo que le produce goce lo quiere incorporar y lo considera dentro de su yo. Y cualquier objeto que le causa displacer lo rechaza y lo asimila como su no yo. También es en este momento cuando empieza a aparecer en su vocabulario la palabra mío, pero no referida necesariamente a algo valioso. Para el niño, mío es todo aquello que le produce placer.
Además, el bebé, cuando nace, se siente pequeño, indefenso y totalmente dependiente de sus padres. Sin embargo, a medida que transcurren los meses, va siendo más autónomo, es capaz de sostener su peluche, más tarde podrá gatear, después caminar. .. Hasta que a los dos años el chiquito ya sabe quién es y cuáles son sus cosas: conoce su cochecito preferido, su cama, sus botitas… Y considera que todo eso forma parte de él. Por este motivo, los padres debemos comprender ese exacerbado apego que nuestro hijo tiene por sus queridas pertenencias.