Archivo | April, 2009

El final de la niñez y los cambios

Los primeros síntomas físicos de femineidad o masculinidad en uno y otro sexo marcan el final de la niñez. En ratos, extraños y molestos consigo mismos y, en consecuencia, con los demás (¿esto es hacerse grande?).

De repente, su cuerpo les resulta grande. Ellos dan un gran estirón y se ven desgarbados, con una voz en la que apenas se reconocen. A ellas también las inquieta verse diferentes, comprobar que los jeans del mes pasado han dejado quizá de quedarles como un guante.

Unos y otras empiezan a ver con ojos diferentes a sus compañeros del otro sexo, necesitan relacionarse con ellos y comprobar su capacidad de seducción. Todo este proceso se traduce a veces en cuadros depresivos leves, irritabilidad, conductas contestatarias o incluso agresivas… En cuanto sus padres les hacen el más mínimo comentario, saltan a la defensiva: “¡Déjenme en paz! ¡Ya no soy un bebé! ¿Es que siempre tienen que decirme lo que tengo que hacer?”… Seguir leyendo

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Cómo hacer que sus hijos colaboren en el hogar (¿recompensas?)

Ante todo, hay que dejarles claro que, del mismo modo que somos un equipo para ir de vacaciones o a la hamburguesería de la otra cuadra, también debemos serlo para mantener la casa limpia, y confortable. Quizá sus amigos tampoco lo pasen tan bien compartiendo esos momentos con sus papas.

¿Y qué hacer cuando surjan las típicas peleas entre hermanos (”Yo lo hice ayer”,”Pero yo lo hice antes de ayer!”; “¡Mentira!, porque yo…”)? A Silvia, madre de dos chicos de ocho y diez años, harta de peleas, se le ocurrió un truco muy efectivo. Pidió a sus hijos que, de mutuo acuerdo, concedieran una puntuación a las posibles tareas semana les (poner la mesa: 5 puntos; levantarla 7, etc.). Así, podían intercambiarlas equitativamente y la disputa se saldaba al comprobar quién de los dos tenía menos puntos en su haber.

¿Hay que pagarles por su colaboración?

Es bueno mostrar nuestra admiración por su ayuda con algún comentario casual, en privado y, sobre todo, en público; pero a veces es difícil hacerles comprender que deben responsabilizarse de algo que hasta entonces habíamos hecho nosotros, y los apurones nos llevan a prometer un regalo o una gratificación.

El mensaje que recibirían no es muy recomendable. Nuestro hijo tardaría poco en exigir un pago a cambio de su ayuda, y esa actitud le impediría entender que su esfuerzo forma parte de sus responsabilidades como miembro de la familia. El premio a su dedicación debe ser siempre la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque eso no significa que después de una semana de trabajo en equipo nos vayamos todos a celebrarlo en su restaurante favorito. Es un premio, sí, pero para todo el grupo familiar, nunca para él solo.

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Momentos adecuados para que los hijos colaboren

Estará en función de la dinámica familiar. Si hay un bebé en casa, por ejemplo, los padres agradecerán especialmente que el más grande ponga la mesa para la cena, mientras ellos acuestan al chiquito.

En cualquier caso, no se trata de exigirles un montón de tareas (todavía son chicos), sino de asignarles ocupaciones compatibles con sus capacidades, su tiempo de estudio, juego y descanso. Y debemos ser comprensivos: si están cansados o tienen que preparar un examen, es normal que ese día se olviden de sus obligaciones caseras.

Lo importante no es que hagan un montón de cosas, sino que asuman la responsabilidad de ocuparse de unas pocas, y las afronten con agrado. La mejor forma de conseguirlo es reconocer su esfuerzo (con palabras, mimos) y hacerles sentir que su aporte, por pequeño que sea, contribuye al bienestar de toda la familia. Seguir leyendo

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Consejos para lograr que sus hijos ayuden en casa

¿En qué tareas?
Da lo mismo, siempre que sean compatibles con sus capacidades y sus necesidades de descanso, de estudio y juego.

¿Cuánto?
No es necesario pedirles demasiado. Más que la cantidad, importa la responsabilidad que esa tarea implica y la satisfacción que les reporta.

¿Con premio?
La mejor gratificación es valorar su esfuerzo; pero, si hay recompensas, deben ser para toda la familia, porque todos colaboramos.

Es buena táctica colocar un calendario en un lugar visible para todos (en la puerta de la heladera o en la pared de la cocina), donde figuren las tareas correspondientes a los miembros de la familia, con un color diferente para cada uno.

Todo el mundo tiene sus preferencias y fobias personales. Seguro que existe un modo de evitar que alguien saque la basura si es que lo detesta especialmente y, a cambio, que se encargue de comprar el pan o de vaciar el lavavajillas.

Seamos prácticos. Fijemos las responsabilidades en fundón de la actividad diaria normal: es mejor encargar a un chico que compre el pan al volver del colegio que hacerlo salir expresamente por eso una vez que ya está en casa.

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Enseñarle a mis hijos a ayudar en la casa

Si a todos nos gusta disfrutar de un hogar acogedor, de una camisa limpia y planchada después de la ducha, es justo también mostrarse solidario con mamá y papá, o con los hermanos mayores, y ayudar en esas pequeñas tareas cotidianas.

A los cuatro o cinco años, o incluso antes, a todos los chicos les encanta sentirse útiles. Enseguida se prestan a poner los cubiertos en la mesa, alcanzar los broches al tender la ropa o guardarla en su lugar cuando ya está planchada. Si bien es verdad que terminaríamos antes si ellos no estuvieran de por medio, hay que valorar su buena predisposición, no escatimar elogios y derrochar tiempo y paciencia para enseñarles a colaborar en forma eficaz. Seguir leyendo

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Cómo lograr que mi hijo colabore en la casa

Llegamos a casa y lo primero que encontramos son sus zapatos llenos de barro en el hall, la campera tirada en el sillón del living y un plato con un pedazo de bizcochuelo a medio terminar sobre la mesa. ¿Tan ocupado está con los deberes que no tuvo tiempo de guardar los zapatos, colgar el abrigo y llevar su plato a la cocina? Pero no, lo encontramos sentado frente al televisor.

¿Sirve de algo retar a nuestros hijos por su desidia? ¿Cómo hacerles ver de una vez por todas que ellos también pueden, y deben, ayudar en casa?
Es evidente que no podemos convertirnos en su sombra y levantar la cantidad de objetos que van dejando a su paso. Aun contando con ayuda en casa, es bueno que los chicos se acostumbren a asumir pequeñas responsabilidades domésticas. Seguir leyendo

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El reencuentro cuando se pierde/extravía un hijo

Es la parte agradable de esta historia, siempre y cuando los papás no estén muy alterados (aunque es comprensible que les suceda). Las expresiones del tipo: “¡No me vuelvas a hacer esto!”, “¡Te podían haber secuestrado!”, o “¡Ya vamos a hablar en casa!” (en tono amenazador) están de más aunque lo hayamos pasado francamente mal durante su ausencia.

Ahora lo importante es que ha aparecido. Nada de castigarlo, retarlo y mucho menos pegarle. .. El también está asustado; no tiene conciencia de lo que hizo, a lo mejor ni siquiera es responsable de ello (es posible que nos hayamos desconcertado nosotros más de la cuenta). Lo primero es calmarlo, mostrarnos cariñosos, al tiempo que expresemos nuestra preocupación por el percance ocurrido.

Más tarde, en casa y durante un momento relajado, cuando haya pasado todo, repasemos los motivos que provocaron el problema y planteemos soluciones para que no vuelva a surgir o, si sucede, lograr que el reencuentro sea más rápido.

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Qué hacer si se extravía un hijo

Es fácil perderse en la playa: arena y arena, toallas y sombrillas de colores, un montón de gente en malla… Hasta los adultos nos sentimos desorientados por unos instantes después de damos un chapuzón.

Para disfrutar de unas vacaciones libres de sobresaltos, pidamos a nuestro hijo que busque un estímulo visual que sea capaz de distinguir a distancia fácilmente (el puesto salvavidas, el quiosco de bebidas…); así podrá acudir allí si, de pronto, no encuentra a papá o mamá entre la multitud. Seguir leyendo

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Consejos para padres: Para no perder a un niño

Los imprevistos existen, y por algo se llaman así, suceden en el momento más inesperado. Para evitar que nuestro hijo se pierda (un imprevisto, al fin y al cabo), pongamos en práctica las siguientes estrategias.

Anticiparse a la situación
Antes de entrar en un lugar desconocido indiquemos al chiquito dónde podemos reunimos en caso de extravío. Los puntos de referencia serán fáciles de localizar y recordar por el pequeño: una torre, un muñeco grande, el puesto de helados, una estatua, etc.

Identificar las zonas de riesgo
Extrememos la vigilancia en los lugares más proclives a este tipo de percances, como grandes supermercados, shoppings, plazas y áreas de juego, zonas con aglomeraciones (aeropuertos, estaciones de tren…) o espacios con estímulos visuales muy similares (la playa, la pileta).

Indicarle qué puede hacer si se pierde es clave. Lo adecuado es que permanezca quieto durante unos minutos hasta que vayamos a buscarlo y, si nosotros no aparecemos, que se dirija al punto de encuentro acordado (siempre que conozca el camino). Conviene dejarle muy claro que, si no sabe dónde ir y da vueltas sin rumbo, será mucho más trabajoso encontrarlo. Seguir leyendo

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El miedo de los padres a que se pierda su hijo

Hasta los cuatro años no podemos sacarles los ojos de encima porque se desorientan muy fácilmente y todavía no son capaces de comprender cómo pueden proceder si no ven a sus papas. Durante esta etapa, el control debe ser fundamentalmente externo, desde los padres.

A partir de los cinco años hay que procurar que el control sea interno, desde el propio niño, que debe saber qué hacer para no perderse y cómo actuar si eso le ocurre.

Algunos padres prefieren no alertar a sus hijos por un miedo irracional a traumatizarlos (”Si le digo que se puede perder, se asustará”). Esta actitud es errónea porque si el pequeño no está preparado y se extravía, se sentirá más desconcertado y sufrirá más. Seguir leyendo

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