Cómo hacer que sus hijos colaboren en el hogar (¿recompensas?)

Ante todo, hay que dejarles claro que, del mismo modo que somos un equipo para ir de vacaciones o a la hamburguesería de la otra cuadra, también debemos serlo para mantener la casa limpia, y confortable. Quizá sus amigos tampoco lo pasen tan bien compartiendo esos momentos con sus papas.

¿Y qué hacer cuando surjan las típicas peleas entre hermanos (”Yo lo hice ayer”,”Pero yo lo hice antes de ayer!”; “¡Mentira!, porque yo…”)? A Silvia, madre de dos chicos de ocho y diez años, harta de peleas, se le ocurrió un truco muy efectivo. Pidió a sus hijos que, de mutuo acuerdo, concedieran una puntuación a las posibles tareas semana les (poner la mesa: 5 puntos; levantarla 7, etc.). Así, podían intercambiarlas equitativamente y la disputa se saldaba al comprobar quién de los dos tenía menos puntos en su haber.

¿Hay que pagarles por su colaboración?

Es bueno mostrar nuestra admiración por su ayuda con algún comentario casual, en privado y, sobre todo, en público; pero a veces es difícil hacerles comprender que deben responsabilizarse de algo que hasta entonces habíamos hecho nosotros, y los apurones nos llevan a prometer un regalo o una gratificación.

El mensaje que recibirían no es muy recomendable. Nuestro hijo tardaría poco en exigir un pago a cambio de su ayuda, y esa actitud le impediría entender que su esfuerzo forma parte de sus responsabilidades como miembro de la familia. El premio a su dedicación debe ser siempre la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque eso no significa que después de una semana de trabajo en equipo nos vayamos todos a celebrarlo en su restaurante favorito. Es un premio, sí, pero para todo el grupo familiar, nunca para él solo.

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Momentos adecuados para que los hijos colaboren

Estará en función de la dinámica familiar. Si hay un bebé en casa, por ejemplo, los padres agradecerán especialmente que el más grande ponga la mesa para la cena, mientras ellos acuestan al chiquito.

En cualquier caso, no se trata de exigirles un montón de tareas (todavía son chicos), sino de asignarles ocupaciones compatibles con sus capacidades, su tiempo de estudio, juego y descanso. Y debemos ser comprensivos: si están cansados o tienen que preparar un examen, es normal que ese día se olviden de sus obligaciones caseras.

Lo importante no es que hagan un montón de cosas, sino que asuman la responsabilidad de ocuparse de unas pocas, y las afronten con agrado. La mejor forma de conseguirlo es reconocer su esfuerzo (con palabras, mimos) y hacerles sentir que su aporte, por pequeño que sea, contribuye al bienestar de toda la familia. Seguir leyendo

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El reencuentro cuando se pierde/extravía un hijo

Es la parte agradable de esta historia, siempre y cuando los papás no estén muy alterados (aunque es comprensible que les suceda). Las expresiones del tipo: “¡No me vuelvas a hacer esto!”, “¡Te podían haber secuestrado!”, o “¡Ya vamos a hablar en casa!” (en tono amenazador) están de más aunque lo hayamos pasado francamente mal durante su ausencia.

Ahora lo importante es que ha aparecido. Nada de castigarlo, retarlo y mucho menos pegarle. .. El también está asustado; no tiene conciencia de lo que hizo, a lo mejor ni siquiera es responsable de ello (es posible que nos hayamos desconcertado nosotros más de la cuenta). Lo primero es calmarlo, mostrarnos cariñosos, al tiempo que expresemos nuestra preocupación por el percance ocurrido.

Más tarde, en casa y durante un momento relajado, cuando haya pasado todo, repasemos los motivos que provocaron el problema y planteemos soluciones para que no vuelva a surgir o, si sucede, lograr que el reencuentro sea más rápido.

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Cómo contestar las preguntas de los niños, los eternos “por qué”

No hay que obsesionarse con encontrar la respuesta precisa. Tampoco hace falta buscar complicadas explicaciones científicas, porque, si no se adecúan a la edad del chiquito, no las comprende y lo abruman.

Respondamos a sus preguntas con naturalidad y sentido común. A veces pueden ayudar pequeñas comparaciones y ejemplos.

Aun así, el niño no siempre lo entenderá, pero eso no es tan grave. Lo importante es que sepa que las preguntas tienen respuesta, que él puede buscarla y que nosotros apoyamos esa conducta. Seguir leyendo

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Cuando los chicos no paran de preguntar, basta!

Ante una norma o prohibición, pueden dirigirnos una cadena interminable de porqués. Toda orden debe ir acompañada de una explicación, pero eso no quiere decir que entremos en discusiones interminables. Si tenemos la convicción de que debe ser cumplida, es mejor mostrarnos firmes para que sea ejecutada sin cuestionamientos.

Y puede ocurrir también que, por cansancio o por lo que sea, no estemos disponibles para ese juego de preguntas. Entonces es lícito decir: “Cuando termine esto te contesto a todas las preguntas” o “Una más, y lo dejamos para mañana”.

Lo importante es dejar abierta la línea de comunicación y no transmitirles que sus preguntas nos desagradan.

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Importancia de la comunicación y preguntas de los niños

El hecho de que las preguntas de los niños sean atendidas o bien, por el contrario, ignoradas, ridiculizadas o incluso castigadas (”¡Basta. No seas pesado!”), pueden ser el comienzo de la timidez y los problemas de comunicación, ya que el estilo de diálogo de la familia imprime su patrón en la personalidad futura.

También hay consecuencias sobre el éxito y la adaptación escolar. En la escuela son fundamentales la curiosidad y el lenguaje. Si un chico tambalea en alguno de ellos, tendrá dificultades. El pequeño que en su casa haya vivido que preguntar es normal y bueno, que preguntando se aprende, lleva mucho ganado para triunfar en el colegio. También contará con ventaja aquél a quien sus padres hayan proporcionado una comunicación fluida, atenta y sensible, porque habrá asimilado un lenguaje que sirve para indagar, comprender y razonar. Seguir leyendo

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Mi hijo hace preguntas difíciles o fuera de lugar

No hay preguntas feas. No lo son las que se refieren al sexo, a las funciones corporales, a la muerte. También tienen una respuesta adecuada para cada edad.
Cuando un chico se da cuenta de que algunas cosas no se pueden preguntar, que hay sectores enteros de la realidad que son objeto de tabú, puede iniciarse en él una auténtica inhibición intelectual. La represión de la curiosidad sexual, por ejemplo, puede bloquear el interés normal por conocer y pensar en general.
Hay maneras de comunicarse con los hijos que no favorecen el desarrollo de la curiosidad.

Existen hogares en los que predomina un estilo de comunicación imperativo: “Traé”; “Hacé”;… (y quizá cuando hay preguntas: “¡Callate!”). Este estilo ignora lo enriquecedor y educativo que resulta dedicar tiempo a conversar, a comentar hechos y cosas, de modo que ambas partes puedan contar, describir, opinar… Los chicos tienen que ser tratados como interlocutores, no como meros subordinados. Sólo en este clima puede florecer el juego de las preguntas.

Un chico que ha renunciado a preguntar quizá tenga una familia que no considera las preguntas infantiles como algo saludable (como el tesoro que en realidad son) o, al menos, como algo natural, sino más bien como una molestia.

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Es importante dejarlo preguntar todo lo que quiera saber

Los adultos creativos fueron preguntones. Algunas de las preguntas de los más chiquitos pueden parecer disparatadas, carentes de lógica y de difícil respuesta, por no hablar, a veces, de la pesadez y la reiteración. ¿Y qué?

Se ha demostrado que los adultos más creativos son aquellos cuya familia fomentaba una expresión abierta y sin trabas y, además, aceptaba las manifestaciones propias de la conducta infantil.

Es posible que sus preguntas sean difíciles, absurdas, innumerables, cansadoras, cómicas…, pero esto no nos autoriza a menospreciarlas, ignorarlas ni ridiculizarlas, ya que ése es el mejor camino para que el chiquito deje de preguntar.

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Las cosas que los niños no deben prestar

Aunque queramos que nuestro hijo se convierta en un adulto generoso y caritativo, no debemos olvidar que existen algunas cosas que son de uso personal, y que nunca debemos obligarlo a prestarlas, porque conseguiríamos que se sintiera inseguro y desprotegido.

Sería un error forzarlo a dejar su juguete de consuelo o su peluche favorito: este objeto es demasiado íntimo para que lo tenga otro chico. Nuestro pequeño se siente tan identificado con ciertas pertenencias que le resulta muy difícil que otras manos se apropien de ellas aunque sólo sea por un ratito. Su cuna, su chupete, su mamadera… también forman parte de este tipo de objetos personales e intransferibles.

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Reimplantes de dientes de leche, ¿son posibles?

Mi hijo, que tiene casi tres años, perdió hace poco un diente (un incisivo superior) en un acódente dentro de casa. Cada vez que le veo el hueco que le ha quedado en la boca, me pregunto si ese diente se podría haber vuelto a implantar.

Desgraciadamente, los dientes de leche no pueden ser reimplantados, ya que en la intervención podrían resultar dañados los definitivos, que ya están presentes en el maxilar. A pesar de eso, cuando un chico pierde un diente de leche como consecuencia de un golpe, debe ir enseguida al dentista para que examine la lesión y, si es preciso, verifique mediante radiografía que la mandíbula está intacta.

También hay que consultarlo en caso de que la pieza se haya aflojado a causa del impacto. Un diente flojo se vuelve a arraigar en cuatro o seis semanas. Si se ha torcido, hay que hacer un tratamiento para corregir su posición (esto no se hace en niños mayores de tres años para evitar dañar el diente que hay debajo).

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