La curiosidad aparece desde que son bebés

Desde que son bebés su entorno los intriga. Esta conducta es común con otros seres vivos y se manifiesta ya antes de esta edad, sobre todo de un modo físico, con la incesante manipulación de objetos y la investigación exhaustiva del entorno material, actividades tan propias de los chicos de un año.

En esto no hay grandes diferencias con las especies animales más próximas a la nuestra. Pero de pronto florece el lenguaje, esa poderosa herramienta a disposición de los humanos, que también es, entre otras cosas, un eficaz instrumento de exploración. Así que con el lenguaje vienen las preguntas.
Y precisamente porque el lenguaje es una adquisición reciente, los chicos quieren ejercitar la habilidad para preguntar y responder, con la entonación y la forma gramatical correspondiente.

Este juego, por sí mismo, los divierte, y en determinadas ocasiones ni siquiera esperan la respuesta. Pero hay más motivos para preguntar. Tanto por qué se debe a que a esta edad la noción causa-efecto está construyéndose y es aún confusa.

El niño trata de organizar su mundo y todo tiene que tener un porqué. Para él todo ha sido hecho o puesto por alguien (”¿Quién puso ahí el bosque?”), atribuye sentimientos e intenciones a seres inanimados (”¿Las nubes son amigas?, ¿y a dónde van todas juntas?”), no entiende que existan hechos debidos al azar (”¿Por qué hay ahí una montaña?”) y puede trastrocar causas y efectos (”Claro, para ir a esquiar”). En fin, trata de clasificar el mundo con sus propias categorías (pensamiento egocéntrico), y de ahí que a veces nos sorprenda con preguntas tan inexplicables.

Y las dudas, por supuesto, se dirigen sobre todo a los padres. Recordemos que los chicos no asimilan la realidad de un modo inmediato y directo, sino que lo hacen a través de intermediarios, de guías: los padres.

Ellos son las auténticas ventanas a través de las cuales los hijos se asoman al mundo. De la calidad y disponibilidad de ese mirador va a depender en gran medida el modo en que un chico se relacione con la realidad después, durante toda su vida.

La curiosidad y el espíritu investigador son un “instinto” básico, el instrumento más valioso con que tanto la especie humana como el propio individuo cuentan para su progreso. Para poder enfrentarse con recursos mentales a los múltiples retos que plantea la vida, es preciso una “cabeza” abierta e inquieta. La famosa edad de las preguntas es una de las primeras y más importantes manifestaciones de una “cabeza”, que puede o bien cultivarse y potenciarse, o bien marchitarse y secarse para siempre.

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Cuándo se define el color de los ojos del bebé

El color de los ojos de los recién nacidos es, en la mayoría de los casos, de tono azulado, ya que la melanina que los pigmentará se adquiere después de nacer. De modo que, salvo aquellos que son muy oscuros o muy claros desde el nacimiento, el resto necesitará alrededor de dos meses para definir su color.

De cualquier forma, esto no es terminante, ya que algunas tonalidades dependen de la luz que esté incidiendo en ese momento sobre los ojos.

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El color de la caca del bebé

Soy mamá de un bebé de cuatro meses y tengo algunas dudas que quisiera que ustedes me aclarasen. ¿Por qué la caca de los bebés es a veces de color verde? ¿Es cierto lo que dice mi abuela, que ese color en la materia fecal indica que el chico tomó frío?

Desde antes de nacer, los bebés tienen su intestino ocupado por una sustancia pegajosa y negra llamada meconio. Esta se va eliminando día a día desde el nacimiento hasta que, después de dos o tres días, es reemplazado totalmente por las deposiciones que tienen todos los bebés. Pero hay que tener en cuenta que éstas pueden variar según el tipo de leche que estén recibiendo: materna o de fórmula. Seguir leyendo

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Cómo saber si le duele el oído cuando es muy chiquito o bebé

Cuando se trata de bebés o de niños pequeños resulta difícil detectar una infección del oído, ya que a veces no tienen fiebre. Suelen estar decaídos y apáticos, pero a la vez muy inquietos e irritables. No quieren comer y duermen mal, lloran a cada rato y nada parece consolarlos. Ni siquiera los brazos de mamá.

La pista decisiva nos la suele dar el mismo chico: mueve la cabeza, se toca el oído afectado una y otra vez y en la cuna se acuesta también sobre ese lado. La presión alrededor del oído, al lavar y vestir al pequeño o, si grita de dolor. Cuando a los chicos se les toca el triangulito de cartílago que está justo encima del lóbulo, hacen muecas, giran la cabeza o gritan (otitis externa). Seguir leyendo

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Los bebés pueden tener otitis

Las otitis son muy frecuentes en los primeros meses de vida. Uno de cada cuatro bebés sufre una otitis media antes de cumplir los seis meses y el 60 por ciento de los chicos tiene al menos una antes del primer cumpleaños.

Así, cuando empiezan el jardín (a los tres años), el porcentaje de chicos que ha tenido una otitis una vez como mínimo se eleva al 80 por ciento. Se calcula que, a lo largo de la infancia, uno de cada cinco niños padece seis o más otitis medias.

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Los bebés heredan la dentadura sana de la madre

Esto no es así, pero sí hay factores que se transmiten. Si los padres tienen una boca sana, lo más probable es que sus hijos también la tengan; y en el caso contrario ocurre igual.

La explicación puede estar en que se aprenden los hábitos alimenticios e higiénicos, factores clave. A través de los genes, también se transmiten la calidad del esmalte y la forma de las arcadas. Muchos casos de malas oclusiones, colocación de dientes, se deben a que el chico hereda arcadas pequeñas de uno de sus padres y dientes grandes del otro.

¿De qué depende que la dentadura infantil se forme bien? Fundamentalmente de los hábitos de higiene y alimentación. También es prioritario acudir al odontopediatra en el momento en que empiecen a salir los dientes de leche, que hay que limpiarlos, y seguir sus recomendaciones. A partir del año, los hábitos de chuparse el dedo, usar chupete o tomar mamadera, así como respirar mal, pueden originar malas oclusiones; a veces, también la causa es genética, pero puede corregirse si se interviene a tiempo.

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Bebés de signo cáncer

Las mareas son regidas por la Luna. Suben y bajan de acuerdo con una atracción invisible pero presente. Así es el humor de Cáncer. En constante cambio, arrastrando risas y felicidad y retirándose después cabizbajo, sin llamar la atención.

También, al igual que a la Luna, todo lo marca, todo le deja una huella. Necesita de la aprobación de sus mayores, de la atención de quienes lo rodean y de la simpatía de todo el mundo. Puede llegar a ser un poco caprichoso, pero lo es basado en la premisa de que “el que no llora no mama”.

Y vaya si llora… Le importa la opinión ajena (acerca de él) y, aunque callado y a veces sumiso, es de pensamiento independiente y no le interesa ser segundo de nadie. Para crecer feliz, necesita ser amado constantemente, por eso no comprende los castigos cotidianos. Tal como la Luna, el niño criado con amor, siempre estará girando alrededor de “su Madre Tierra”.

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