Las mareas son regidas por la Luna. Suben y bajan de acuerdo con una atracción invisible pero presente. Así es el humor de Cáncer. En constante cambio, arrastrando risas y felicidad y retirándose después cabizbajo, sin llamar la atención.
También, al igual que a la Luna, todo lo marca, todo le deja una huella. Necesita de la aprobación de sus mayores, de la atención de quienes lo rodean y de la simpatía de todo el mundo. Puede llegar a ser un poco caprichoso, pero lo es basado en la premisa de que “el que no llora no mama”.
Y vaya si llora… Le importa la opinión ajena (acerca de él) y, aunque callado y a veces sumiso, es de pensamiento independiente y no le interesa ser segundo de nadie. Para crecer feliz, necesita ser amado constantemente, por eso no comprende los castigos cotidianos. Tal como la Luna, el niño criado con amor, siempre estará girando alrededor de “su Madre Tierra”.
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