¿En qué tareas?
Da lo mismo, siempre que sean compatibles con sus capacidades y sus necesidades de descanso, de estudio y juego.
¿Cuánto?
No es necesario pedirles demasiado. Más que la cantidad, importa la responsabilidad que esa tarea implica y la satisfacción que les reporta.
¿Con premio?
La mejor gratificación es valorar su esfuerzo; pero, si hay recompensas, deben ser para toda la familia, porque todos colaboramos.
Es buena táctica colocar un calendario en un lugar visible para todos (en la puerta de la heladera o en la pared de la cocina), donde figuren las tareas correspondientes a los miembros de la familia, con un color diferente para cada uno.
Todo el mundo tiene sus preferencias y fobias personales. Seguro que existe un modo de evitar que alguien saque la basura si es que lo detesta especialmente y, a cambio, que se encargue de comprar el pan o de vaciar el lavavajillas.
Seamos prácticos. Fijemos las responsabilidades en fundón de la actividad diaria normal: es mejor encargar a un chico que compre el pan al volver del colegio que hacerlo salir expresamente por eso una vez que ya está en casa.