No hay que obsesionarse con encontrar la respuesta precisa. Tampoco hace falta buscar complicadas explicaciones científicas, porque, si no se adecúan a la edad del chiquito, no las comprende y lo abruman.
Respondamos a sus preguntas con naturalidad y sentido común. A veces pueden ayudar pequeñas comparaciones y ejemplos.
Aun así, el niño no siempre lo entenderá, pero eso no es tan grave. Lo importante es que sepa que las preguntas tienen respuesta, que él puede buscarla y que nosotros apoyamos esa conducta.Si un chico de esta edad nos pregunta:”¿Por qué funcionan los autos?” todavía no podremos introducirlo en los secretos de la mecánica,
pero es una buena ocasión para iniciarlo en no-dones como rueda, motor, chofer, combustible, velocidad…, con lo que se favorece su capacidad de observación, se enriquece su vocabulario y se lo alimenta con datos que podrá utilizar más adelante.
Puede ocurrir que, después de esforzamos en encontrar una respuesta, el pequeño apenas la escuche y se distraiga o pase a otra pregunta. No nos enojemos ni le respondamos con absurdos.
A veces no importa tanto el contenido como el mecanismo de la comunicación en sí. Preguntar por preguntar le resulta divertido e interesante, y lo ejercita en el arte de conversar. Es, por lo tanto, un entrenamiento útil en el que tenemos que colaborar.