Es completamente normal que su hijo pregunta tantas veces “por qué” cuando todo lo que ve o escucha le despierta curiosidad. No necesitan un tratado, sino respuestas sencillas y coherentes que alimenten sus ganas de saber. Muchos papas se encuentran con una avalancha de preguntas que a veces se les viene encima.
Hasta 400 diarias pueden llegar a hacer los chicos entre los tres y los cuatro años. Y en algunas ocasiones resultan muy apremiantes e inconsecuentes. Pero incluso estos extremos son una bendición si los comparamos con el caso hipotético y penoso de un chico que no preguntase nada.
¿Por qué? Porque a esta edad bombardear a los padres a preguntas es lo más natural y saludable. Un brote casi biológico que, entre los tres y seis años hace a los chicos preguntar todo y que constituye una manifestación genuinamente humana de la llamada conducta exploratoria.
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