Con el tiempo, nuestro hijo se dará cuenta de que resulta mucho más ameno y entretenido jugar con otros chicos que hacerlo solo, y que, para eso, es imprescindible prestar y compartir.
El camino de la convivencia es largo y complicado, y transcurre en etapas que nuestro hijo tiene que superar. A medida que vaya creciendo, aprenderá a pedir lo que desea sin apropiarse directamente de todos los objetos que se le antojan y, además, será capaz de saber lo que sienten los demás y de ponerse en su situación.
La misión de los padres es fundamental: deben ayudar a su hijo a superar esta etapa evolutiva de su desarrollo y la mejor forma es con su buen ejemplo. Una actitud generosa y solidaria por nuestra parte será la mejor y más auténtica pedagogía, y se plasmará profundamente en el chico.
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