La convivencia entre nietos y abuelos suele resultar muy grata y enriquecedora, ya que éstos disponen de más tiempo que los papas y tienen más ganas de jugar. Pero también puede incidir de forma negativa sobre la educación del chiquito o causar conflictos entre padres y abuelos si no se establecen algunas pautas educativas de antemano.
Casi todos los abuelos se muestran mucho más flexibles y protectores con sus nietos de lo que fueron con sus hijos y restan importancia a las travesuras de los niños: “Pobrecito, no lo retes, es muy chiquito y no sabe lo que hace. ..”; “Déjalo en paz, con algo tiene que jugar, ¿no?”; “Si no le gusta el puré, dale un yogur”…
¿Es que ya no se acuerdan de que con las lentejas de nada valía aquello de las tomas o las dejas., ¿y de lo fastidiosos que se tornaban cuando jugábamos en el living y revolvíamos todo?…
Querer a un niño no significa consentirle todo, también hay que educarlo y ponerle límites cuando sea preciso. Para facilitar las cosas, los padres deben explicar las normas que ellos siguen en casa, y los abuelos deben respetarlas en lo posible o, al menos, no contradecirlas. Aunque se les haga cuesta arriba, tienen que hacer un esfuerzo y retar al niño si hace algo mal.