Si a pesar de los antibióticos, las gotas antiinflamatorias, los analgésicos… el pequeño sigue teniendo dolores de oído, a veces sólo queda una solución: perforar el tímpano, esto es, practicarle una paracentesis y colocar un drenaje. El médico suele anestesiar totalmente al niño y hacer una mínima incisión (con la ayuda de un microscopio) para que el pus pueda salir del oído medio. Así, los dolores disminuyen.
Estos drenajes se utilizan también para mejorar la audición si el pequeño tiene mucosidad crónica del oído y para prevenir las otitis de repetición cuando el chico es especialmente propenso.
El drenaje consiste en introducir en el tímpano un pequeño tubo de plástico (diábolo) generalmente con ambos extremos reforzados. Se deja allí entre seis y nueve meses, al cabo de los cuales el tubito suele caerse solo.
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