¿Puede un chico vivir programado o casi cronometrado? ¿Todas sus acciones responden a intereses propios? Un cuadro de hiperactividad semejante suele ser la parte visible de conflictos no percibidos que suceden dentro del grupo familiar.
Lo esperable es que un chico pueda aprender a reconocer qué desea y a poder expresarlo. Si es escuchado y satisfecho podrá llegar a hacer lo que quiere. Si tiene una vocación muy fuerte o se identifica con quienes lo rodean se inclinará a actividades afines a su gusto, su conocimiento, su habilidad y destreza.Si, por el contrario, toma todo lo que se le ofrece, sin estar incentivado verdaderamente por nada, evidencia que no ha adquirido la madurez necesaria para “elegir”. Elegir es adoptar algo desechando todo o casi todo lo demás. Aceptar todo es, además de no poder perder nada, no discriminar qué sirve y qué no para su proyecto de vida. Así, nos encontramos ante un ser confundido cuyas actividades responden a los deseos, culpas, necesidades y razones de sus padres y no a sus propios intereses.
La sobreestimulación, como lo es la oferta indiscriminada de actividades, mantiene al niño muy alejado del reconocimiento de aquello que lo moviliza para el logro de una meta satisfactoria.