Dos grandes posiciones se enfrentan cuando se trata de definir qué es lo adecuado para los chicos a la hora de pensar en los relatos con que se divierten. Sean éstos impresos o fílmicos, las posiciones frente a la violencia y a la presencia de “buenos” y “malos” se toma compleja.
Están los que sostienen que la cuota de violencia, malos incluidos, es perjudicial para el desarrollo del niño; en tanto otros opinan que esto es parte de la realidad y que les permite a los chicos comprenderla y manejarla.Si intentáramos superar estas posiciones diríamos que la realidad contiene violencia. El problema es cuando las historias se polarizan. Así como existe la violencia existe la ternura, como están los malos también están los buenos. Lo importante es que los personajes tengan dimensiones humanas, es decir, que los malos no sean sólo malísimos y los buenos no sean sólo buenísimos.
Todos somos una mezcla de emociones y sentimientos. Que esto quede evidenciado en un relato puede ser una de las formas de conocernos mejor.
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